Alfonso XIII: un defensor activo

Desde 1886 hasta la proclamación de la Segunda República en 1931, España vivió el reinado de Alfonso XIII. Un rey que, más allá de declararse falangista al comenzar la guerra civil y ser presidente honorario del Recreativo de Huelva, apoyó la lengua de Zamenhof fervientemente.

Rey Alfonso XIII(1886-1941) | Fuente: casarealdeespana.es

En septiembre de 1909 se celebró en Barcelona el V Congreso Universal de Esperanto. Era la primera vez que España acogía un evento internacional de índole esperantista. Aunque algunos se opusieron a su desarrollo debido a las recientes revueltas ocasionadas durante la semana trágica, el rey no dudó en respaldar el congreso. Lo consideraba una oportunidad para una ciudad que quería recuperar su imagen urbana y cosmopolita.

Así, se le concedió ser el presidente del Comité de Honor, y pronto pasaría por sus manos la prensa esperantista del momento. Por estas fechas, Alfonso XIII otorgó a Zamenhof el título de Comendador de la Orden de Isabel la Católica, y, en agradecimiento, el presidente del Grupo Esperantista de Madrid José Perogordo le regaló un número de la gaceta internacional La Revuo, encuadernado en oro.

El rey ojeó sus páginas y, acto seguido, demostró que había aprendido esperanto leyendo algunas frases de la publicación. Como no es de extrañar, periódicos esperantistas como La Suno Hispana se hizo eco del acontecimiento.

La Suno Hispana, 11/1909, Año VI, nº71, p.2. | Fuente: Hemeroteca digital de la Federación Española de Esperanto (Gazetoteko)

Un año más tarde, Alfonso XIII volvió a pronunciarse como seguidor de la lengua universal. La Asociación de Militares Esperantistas (Esperantista Militista Asocio) comenzaba sus andadas en un contexto caracterizado por la convivencia entre adeptos católicos y obreros. Desde su fundación, llevada a cabo por Julio Mangada, Fernando Redondo y José Perogordo, entre otros, el rey se mostró a favor de la organización.  Entre sus objetivos se distinguió difundir el idioma entre los ejércitos de tierra y mar como solución para la comprensión de los militares de diversas nacionalidades.

El rey siguió aportando su granito de arena al crecimiento del movimiento patrocinando algunas de sus actividades como el segundo Congreso Esperantista Ibérico en Zaragoza. Lo cierto es que, quizá fue su faceta esperantista la que le empujó a realizar la que se considera la primera misión humanitaria de la historia. Los valores de paz y unión entre pueblos que lleva consigo este idioma se manifestaron cuando Alfonso XIII repatrió a heridos, informó a familias incomunicadas, investigó a prisioneros desaparecidos o envió medicamentos y dinero a los prisioneros durante la Primera Guerra Mundial.

Bibliografía

CENTASSI, R. y MASSON, H. (2005) El hombre que desafió a Babel. Madrid: GRAM Ediciones.

MARÍN Silvestre, Dolors. (2014) Capítulo 2: El internacionalismo proletario y las lenguas planificadas. En su: Anarquistas: un siglo de movimiento libertario en España. (pp. 57-88). Barcelona: Ariel.

MARCO Botella, Antonio. (1992) 60 años de Esperanto en Callosa. Callosa de Segura: Monografías callosinas nº8.

SALGUERO, José. (2011) ¿Es el esperanto una lengua revolucionaria? Estudios. Revista de Pensamiento Libertario, 1, 52-59.

SANZ Bueno, Lupe. (1993) Historia del esperanto en Madrid.  Madrid: Esperanto Liceo de Madrid.

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